Vale lo que pesa.

En culturas antiguas, como la escandinava, cuando un individuo arrebataba la vida de otro debía retribuir a los deudos -a manera de compensación, para evadir la pena de muerte- el peso de la víctima en oro o plata, práctica que extendida al ámbito religioso condujo a ofrecer a la Divina Providencia el equivalente al peso de los enfermos en especies -fuese cera, trigo, o similar- como ofrenda por su pronto restablecimiento. Sobre esos antecedentes, se cree, se fundamentó la expresión utilizada para enaltecer el valor moral de una persona en particular.