El que sabe, sabe; y el que no, es empleado público.Refranes reconociendo la valía de quien dispone de experiencia y conocimientos que le permiten manejar exitosamente las complicaciones encontradas en el desarrollo de sus funciones. La primera versión presenta un complemento invitando -a quien no dispone de esas facultades- a que las adquiera, mientras, la segunda peyorativamente concluye que los ineptos suelen encontrar refugio en la administración pública, donde cualquier bruto se impone signando y sellando formatos.
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