Estar en la raya.

Un cuento popular, ilustrando el mensaje del refrán, describe que cierto rey portador de larga y hermosa cabellera, tuvo la premonición que a medianoche del próximo día moriría y, angustiado por la proximidad de la hora, para burlar a la muerte se rapó la cabellera, se vistió con ropas comunes y se entremezcló con una multitud que celebraba. La muerte apareció y lo buscó infructuosamente, ya extenuada se quedó observando la multitud festiva y, se dice, razonó; «¡Bueno. No encontré al rey peludo pero, para no venir de balde, aunque sea a ese pelón con cara de vago me llevo!» Y cargó con el rey que estaba en la raya. Y es que denominando como «raya» el momento de transición entre la vida y la muerte, el refrán establece que cuando a alguien le ha llegado su hora, haga lo que haga no postergará su partida de este mundo.