Quien traiciona una vez, traiciona dos veces.

Considerando que a todo traidor le es intrascendente el significado de lealtad y, además, generalmente conoce el precio de todo y a todo le pone precio, el refrán advierte que los traidores nunca abandonarán esa condición y, consecuencia de sus escasos valores morales combinados con sus débiles principios éticos, ni quien los pone a su servicio puede fiarse de ellos.