Quien presta un libro es tonto, quien devuelve un libro prestado es dos veces tonto.

Refrán muy puntual advirtiendo que los libros nunca se deben ceder en calidad de préstamo pues, aduce, resulta ingenuo esperar el retorno de la unidad temporalmente cedida y, de así ocurrir, quien lo retorna estaría cometiendo una torpeza mayor que la cometida por quien se lo cedió.