El vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo.

Recurriendo a «vivo» como equivalente de «aprovechado», el refrán constituye una alerta pues los «vividores» –quienes ni trabajan, ni son productivos- son parásitos que viven permanentemente buscando como usufructuar la productividad de quien encuentren descuidado. La segunda parte, aparentemente peyorativa hacia quienes trabajan honradamente, en realidad constituye una crítica severa contra quien permite le esquilmen el fruto de su trabajo honrado.