No disparar ni en defensa propia.

Se «dispara» cuando se detona un arma de fuego pero también cuando se invita o se paga la cuenta de un consumo colectivo y, manipulando esa dualidad, el refrán identifica a quien es incapaz de invitar a alguien, magnificando la condición al establecer que no lo hará aún cuando su vida dependa de ello.