Quedar bien con sombrero ajeno.

El sombrero constituye garantía, para quien lo porta, que al ejecutar tareas en el campo no sufrirá de insolación y quien, por cualquier razón, se ve privado de su protección tendrá asegurada aparte de una fuerte chistata unas cuantas horas de calentura. Recurriendo a ese elemento de protección personal, el refrán establece una velada pero severa crítica contra quien al auxiliar a otra persona no lo hace sacrificando recursos propios, pues le implicaría sacrificio personal, sino despojando y sacrificando a un tercero que, para colmo, es ajeno al contexto.