Estar como hijo de molendera; harto y panzón.

El «metate» era un conjunto elaborado con piedra de origen volcánico –basalto- destinado a moler maíz nizquezado y, en la vida rural, la mujer encargada de «echar» las tortillas era denominada «molendera», pues primero debía moler el maíz y luego palmear las tortillas. La molendera era la primer persona en levantarse y la última en acostarse, pues debía garantizar cada tiempo de comida que consumía la peonada, y sus hijos se caracterizaban por un abultado vientre y ombligo brotado, consecuencia del acceso directo a las unidades recién salidas del comal así como al perol de frijoles en bala recién cocidos. Recurriendo a la figura de ese atiborrado vástago, el refrán identifica a una persona que ha consumido alimentos hasta más no poder.