Estar en el filo de la navaja.

Las navajas de los barberos solían ser tan filosas que, se aseveraba, podían cortar longitudinalmente un pelo en el aire y, en sentido figurado, no podría existir situación más delicada que estar ubicado sobre su filo pues el propio peso del cuerpo conduciría a seccionarlo. A esa supuesta condición de alto riesgo recurre el refrán para identificar una situación extremadamente delicada y peligrosa.