No dar el brazo a torcer.

Refrán identificando a quien, con tal de evadir ser vencido o superado, resiste a pesar de que ello le conlleva serios problemas y múltiples dificultades. Algunas veces la resistencia es consecuencia de la intransigencia o capricho, pero otras es resultado de evadir la figura de derrota definitiva pues, una vez torcido el brazo, cada intento por vindicarse le conduciría a una mayor presión y más dolor.