El que madruga come pechuga, el que tarda come albarda.

La «pechuga» corresponde a la carne suave y blanda del pecho del pollo mientras la «albarda», o silla del jinete, es un elemento elaborado en base a cuero crudo de ganado vacuno. Recurriendo a alternar sus figuras como fuentes nutritivas, el refrán advierte que quien no tiene pereza y toma la iniciativa verá sobrecompensado sus esfuerzos, de la misma manera que, con su segunda parte generaliza, los displicentes recibirán el fruto correspondiente a su pereza. Cada vez es menos frecuente escuchar la versión colonial, en la cual «talega» corresponde a un bolsito para portar dinero pero cuya segunda parte se mofa de la recomendación inicial: El que madrugó un taleguito se halló. Pero más madrugó el que lo perdió.

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El que madrugó un taleguito se halló. Pero más madrugó el que lo perdió.

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