El que ríe de último, ríe mejor.

Dirigido como advertencia a quien disfruta y celebra un supuesto triunfo, el refrán le establece que está cantando victoria antes de tiempo y, por tanto, la alegría puede no durarle mucho ya que los resultados aún pueden, repentina y definitivamente, revertirse y la celebración transformarse en lamentaciones, los cuales harán más placentero el triunfo de quien por el momento parece ser el perdedor.