Besos vendidos, ni dados ni recibidos.

Fundado en una época cuando los matrimonios se realizaban principalmente por conveniencia social, el refrán reclamaba que el amor conyugal debía ser totalmente desinteresado. Hoy día ha visto modificado su significado, pasando a establecer que ni se está interesado en pagar por recibir manifestaciones de cariño, ni dispuesto a vender las caricias propias.