No hay que poner todos los huevos en la misma canasta.

Una fábula del griego Esopo, siglo VII a.C., describe que cierta hija de un granjero, mientras se dirigía a vender leche al pueblo, iba haciendo planes: con la venta de la leche compraría al menos 300 huevos; cuidando de estos, se empollarían al menos 200 pollitos; la venta de los pollos le aportaría dinero para... ¡Plos!, abstraída en sus cálculos tropezó y cayó, derramando la leche y con ella sus planes. Sobre la frágil figura de repentina pérdida total en un solo acto, el refrán invita a que los riesgos se distribuyan de manera tal que ante un repentino fracaso, éste no conduzca a la ruina total.