Ser jíncalayegua y no aguantar ni una patada.

Todo equino al cual se le jinque por detrás reaccionará lanzando una coz -con la cual trata de eliminar el origen de la desazón- y, sobre ese acto instintivo animal, el refrán identifica y censura a un individuo provocador. Su segunda parte, estableciendo que la persona en mención es un debilucho quien ante la retribución de la mofa se desmoronará, ha ido cayendo en desuso a medida que su propósito se transfiere, en forma implícita, a la primera parte.