No hay mal que por bien no venga.

Sobre el fundamento que todo acto adverso o calamidad conlleva oportunidades aprovechables, el refrán establece un alto grado de optimismo a pesar de estar atravesando por una severa adversidad. Tan optimista es que puede citarse invirtiendo el orden de los parámetros y, aún así, sostener su mensaje: No hay bien que por mal no venga.

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No hay bien que por mal no venga.

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