No hay novia fea, ni muerto malo.Así como toda novia recurre a sus mejores atavíos y, salvo caso excepcional, no se le puede tachar de fea, a todo difunto se le perdonan -en la forma de «malo» para determinar «malvado»- sus ofensas y defectos para evitar que su alma pene y, buscando el perdón póstumo, acose a quien en vida ofendió. Aprovechando la tendencia de que nadie se atreve a hablar mal del centro de gozo y mucho menos del motivo de duelo, nuestro refrán ratifica la conveniencia de no oponerse al mundo . |