Moto y alcaraván, cuando los crían se van.

Englobando y tildando de malagradecidos al alcaraván -ave de patas largas y delgadas- así como a los huérfanos que eran recogidos para criarlos como "hijos de casa", el refrán lamenta que a la primera oportunidad escapaban del hogar de crianza y de sus benefactores. Existe, sin embargo, un trasfondo que se elude; Dicha tendencia era real pero constituía la vía de escape a una práctica generalizada de esclavitud disfrazada como acto piadoso. Monseñor José Antonio Lezcano (1865-1952) recogió la versión que reza: “Moto y alcaraván cuando crían alas se van”.