Cuando ven macho amarrado, a todos se les antoja viaje.

En la vida rural nicaragüense, para salir de las fincas a disfrutar de la vida urbana se hacía necesario primero ir al potrero a agarrar la bestia a utilizar y luego aperarla apropiadamente, tareas preliminares tediosas, especialmente cuando el animal era mañoso, pues debía hacerse de madrugada y muchas veces bajo brisa pertinaz. El refrán recurre a esa dificultad, previa a un gustazo, para poner de relieve un defecto de conducta humana; querer aprovechar o disffrutar de las oportunidades resultantes del trabajo ajeno.