Loro viejo no aprende a hablar.

Apoyándose en la figura de un loro que de joven nunca aprendió a imitar sonidos humanos, y sobre el asumido que con la edad la capacidad de aprendizaje se ve reducida, el refrán constituye una mofa que pretende desmotivar a quien viviendo su tercera edad se esfuerza por adquirir nuevos conocimientos o habilidades.