De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

Recurriendo al método colonial para mejorar la infraestructura vial -consistente en empedrar las calles y eliminar las pendientes pronunciadas mediante «pretiles» o «trepiles»- el refrán establece que las buenas intenciones deben traducirse en acciones positivas concretas o incidir positivamente pues, caso contrario, se vuelven hasta contraproducentes.