Del rayo uno se salva, de la raya, no.

Recurriendo a «raya» como la línea imaginaria que separa la vida de la muerte, el refrán reconoce lo infalible del destino: cuando a una persona le ha llegado su hora, haga lo que haga por evitarlo, morirá. De forma implícita, simultáneamente establece que si a alguien no le ha llegado su hora vivirá aunque se exponga a los mayores riesgos imaginables.