Incompleto Refranero Nica

580 páginas,
2,200 refranes y dichos,
2 décadas de recopilación




Para obtener un ejemplar contáctenos a nica@refranero.net, o llame/visite las oficinas de EXPLODESA:

Explodesa: Km 16.5 Carretera Nueva a León, Frente a gasolinera Puma Los Brasiles, Managua, Nicaragua​; teléfono (+505) 8621 3675.





Abel Vicente Ortega Munguía.

Nacido justo al mediodía del 28 Diciembre de 1957 –pero registrado el 29- motivó que su madre recibiera expresiones de pesar pues la hora indicaba que era candidato a expresar; “¡Que siga el entierro!”.

Criado en los fangosos y pedregosos llanos paceños, “lujó” alfarería, colaboró en tejares, enrejó terneros, “guió” bueyes arando, sirvió como ayudante de matarife y, ya tayacán, cortó algodón, hasta convertirse en sastre a los 15 años de edad.

Una inconclusa secundaria en La Paz Centro le obligó a bachillerarse en la vecina Nagarote para luego estudiar ingeniería civil en la UNAN-Managua estudios que abandonó, forzado por la guerra, encontrándole el triunfo de la revolución de 1979 en el Frente Sur Benjamín Zeledón. Decisión crucial fue abandonar su cargo de Jefe de Pelotón de las nuevas fuerzas armadas para finalizar su carrera, logrando ser miembro de la última generación de ingenieros civiles graduados por la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la UNAN.

En 1982 ingresó a la industria minera metálica viéndose conducido en tiempos de guerra a la hoy RAAN así como a realizar estudios y capacitación en Europa y Sud América, incluyendo una maestría (MSc) en el Reino Unido. Desde 1995 labora en el campo especializado de los explosivos civiles y, a la cabeza de Explodesa, ha recorrido cada palmo de su país natal interactuando con quienes, sin saberlo, colaboraban con la base de datos que terminó dando paso al presente trabajo.

Prólogo

Para incorporar e investigar los Dichos o Refranes contenidos en el presente libro, éstos debieron ajustarse a un simple requisito: haber sido el autor testigo de su manejo en boca de al menos un nica o haberlo leído, al menos en dos ocasiones, en algún medio escrito, tarea que me tomé como diversión solitaria por más de una década y a la cual en más de una ocasión renuncié o renegué y retomé.

Como notará aún el lector menos acucioso, para localizar muchas explicaciones al origen de nuestros refranes, terminé zambulléndome en fuentes externas pues muchos resultaron advenedizos, entre ellos; “A la cuarta ni los bueyes” y “Unos a la bulla, otros a la cabuya” que nos heredó México o “A falta de pan buenas son semitas” y “El que canta sus males espanta” que heredamos de España. También, como intrusos que nos pertenecen, identifiqué; “Ponerle el cascabel al gato” en el cual nuestro náhuatl “chischin”, que nos llega como “chischil”, no pudo reemplazar al cascabel español, el “Hoy por ti, mañana por mí” donde nuestro franco “Vos” es superado por el extraño “Ti”, “De donde menos se espera salta la liebre” y “Dar gato por liebre” donde un género desconocido priva de su rol a nuestro taimado conejo” o “Mucho ruido y pocas nueces” y “Pedir peras al olmo” siendo que ni conocemos las nueces, ni producimos peras, ni crece el olmo en nuestra foresta. En cambio otros, evidentemente autóctonos, tal como: “Cagada de buey leonés”, “Tipo Paya Soza”, “Uno más del taller Cajina”, “Cuesta más que pague un leonés, que sacarle un pedo a Jerez” o “Pedir cacao”, me obligaron a hurgar en registros históricos y contemporáneos, así como a sustraer datos de mi memoria, como aquel que de niño me hizo temblar cuando haciendo fila al lado de mis hermanos mayores –para conseguir algo de maíz de los silos gubernamentales durante la sequía y hambruna de los años 60 del siglo pasado- escuche de los viejos el augurio detallado del inexorable paso de Samuel Belibet –El Judío Maldito- por La Paz Centro.

Debo reconocer que al hurgar en mis raíces he encontrado razones para enorgullecerme y también para avergonzarme, y aclaro: “La tarjeta de crédito, conduce al descrédito” es resultado del oprobioso mecanismo financiero criollo de golpear al pueblo en su orgullo –si después de motivarles a enjaranarse no pueden pagar en efectivo que paguen con lo que más precian y duele; su honor- y como a mi pueblo aun le queda bastante, lo exponen al escarnio público como morosos en periódicos de circulación nacional. En contraposición, el ejercicio de “La fama pasa, los riales quedan” ha permitido a muchos malos nicas, pero nicas al fin, a inmoralmente enriquecerse. No pude ignorarlos, al igual que tampoco pude hacerlo con refranes machistas, racistas o bayuncos.

Finalmente aprovecho para “Curarme en salud” pues, dado que “Sólo a mona que se sube al tejado se le ve lo pelado”, consciente del enorme tamaño del sobrero que escogí ruego al lector indulgencia en sus críticas bajo el considerando que los ingenieros de mi generación somos maletas para redactar sin embargo sirva el presente esfuerzo individual extremo para perennizar información, datos, referencias o anécdotas, a miembros de nuestras generaciones venideras para que cuando atropellados por la globalización se pregunten como hablaban y pensaban sus ancestros recientes al menos encuentren este importante, aunque incompleto, punto de referencia.

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